Hermandad Hiniesta

Recordando la bendición de la Virgen de la Hiniesta Dolorosa

Tal día como hoy hace 89 años se bendecía la actual talla de María Santísima de la Hiniesta en la iglesia de San Luis de los Franceses, donde tanto la hermandad como la parroquia residían en aquel momento hasta la reapertura de San Julián. Recordaremos aquella grata jornada para nuestros hermanos de entonces tras sufrir tantas desgracias.

Resurgiendo de las cenizas por dos veces

Como es tristemente conocido, la década de los años treinta del pasado siglo XX fue especialmente dura a todos los niveles. Centrándonos en lo que respecta a las cofradías de Sevilla, los ataques indiscriminados a los símbolos religiosos durante la II República y el inicio de la Guerra Civil se plasmaron en saqueos e incendios de los templos y en la profanación de las imágenes sagradas que encarnaban la devoción popular. El caso de nuestra hermandad de la Hiniesta fue especialmente grave, ya que la corporación vio cómo, en el lapso de cuatro años, perdía en dos ocasiones a sus titulares debido a la quema de los templos en los que residía. Así sucedió en San Julián el 8 de abril de 1932 y más tarde en San Marcos el 18 de julio de 1936.

Si cruel debió de resultar el primero de estos infaustos días, cuando se consumieron tanto el Crucificado atribuido a Felipe de Ribas como la primitiva Dolorosa y la Virgen de la Hiniesta Gloriosa medieval, no menos desalentador tuvo que ser ver cómo el esfuerzo de reconstruir la hermandad –encarnado de forma especial en la nueva talla mariana de Castillo Lastrucci– acabó una vez más entre las llamas tan poco tiempo después.

Lejos de amilanarse, nuestros hermanos de entonces demostraron una fe tan firme y una voluntad tan inquebrantable que hoy nos sigue enorgulleciendo. De este modo, el 14 de agosto de 1937 se suscribe un contrato con el citado imaginero sevillano para la hechura de los nuevos titulares penitenciales. En el documento se recalca que se escoge a Castillo por “tener probada nombradía, ser devoto” y porque “por sus obras puede considerarse continuador de la tradicional escuela sevillana en el arte de imaginería religiosa”.

En virtud de la desigual dificultad de ejecución de ambas tallas, se fijan dos fechas para sus respectivas entregas, la primera de las cuales sería para la Virgen y otra posterior para el Cristo. Aunque la finalización de la Dolorosa supusiera un plazo relativamente corto por tratarse de una efigie de candelero, los días transcurridos entre la firma del contrato y la bendición de la imagen no llegan al mes. Por ello, intuimos que el acuerdo estaba cerrado tiempo atrás y con probabilidad Castillo ya había comenzado su trabajo cuando se rubricó formalmente.

Desolador aspecto de San Julián tras el fuego de 1932.

Un día feliz en San Luis de los Franceses

Una vez presentada la nueva imagen mariana a los responsables de la hermandad, se fija su bendición para el domingo 5 de septiembre en la iglesia de San Luis de los Franceses, sede tanto de la corporación como de la parroquia durante el forzoso exilio de San Julián tras la quema de San Marcos. El acto revistió una gran solemnidad y quedó recogido con detalle en la prensa local. Así, leemos en las páginas de ABC ese mismo día que estaba previsto su comienzo a las diez de la mañana y que se invitaba “a todos los hermanos y devotos de tan popular imagen” al templo que Leonardo de Figueroa levantó para la Compañía de Jesús.

La crónica del acto en El Correo confirma que, en efecto, disfrutó de una gran asistencia “viéndose las naves del hermoso templo de San Luis concurridísimas de fieles, predominando los cofrades de las distintas hermandades de penitencia de Sevilla”. También recoge la noticia que la Virgen “fue colocada ante el altar mayor, teniendo como fondo un magnífico dosel”. Por último, se señala que la ceremonia concluyó con un besamanos en el que “desfilaron todos los fieles ante la Reina de los Cielos”. El celebrante fue el ilustre señor vicario capitular del arzobispado, D. Jerónimo Armario Rosado, quien también habría de bendecir al Cristo de la Buena Muerte meses más tarde.

Apenas una semana después de la ceremonia –en concreto los días 11, 12 y 13 de septiembre de 1937–, según lo recogido por las reglas vigentes de entonces, se celebraron solemnes cultos con motivo del Jubileo Circular de las Cuarenta Horas, que habrían de comenzar a las ocho de la tarde y finalizaban con la bendición y reserva del Santísimo Sacramento. El domingo 12 a las diez de la mañana, y con ocasión de los Dolores Gloriosos de la Santísima Virgen, tuvo lugar una función. Éstos fueron por tanto los primeros cultos presididos por la nueva imagen.

Altar mayor de San Luis, donde se bendijo la Virgen.

Las nuevas imágenes causan admiración en la calle

Una vez bendecido también el Cristo de la Buena Muerte el 3 de abril del siguiente 1938 –que era Domingo de Pasión–, en siete días se volvía a poner la cofradía en la calle. Dada la imposibilidad que presentaba para ello la puerta de San Luis, como es sabido la Hiniesta tuvo que salir de otros templos. En esta ocasión sería del de Nuestra Señora de Consolación –popularmente llamado Los Terceros– en la calle Sol, de donde también haría estación de penitencia en la misma jornada la cofradía de la Sagrada Cena.

Aquella Semana Santa, la primera con el cardenal Pedro Segura en la sede hispalense, resultó novedosa no únicamente por las imágenes de la Hiniesta, sino por otros estrenos de calado como el apostolado de la Sagrada Cena, el Señor de las Penas de San Roque, el de la Salud de los Gitanos, los Titulares de San Bernardo o el Señor Atado a la Columna de las Cigarreras, aunque en algunos casos no se tratase de nuevas tallas.

A causa de las apreturas económicas y la falta de no pocos enseres propios, nuestra hermandad fue ayudada por otras para hacer posible la estación de penitencia. Un ejemplo de ello fue el paso de palio, del que únicamente se disponía de las bambalinas, el techo, el manto y los respiraderos. Según las crónicas que hemos consultado, la salida de la Hiniesta “fue acogida con gran entusiasmo por el numerosísimo público que se parapetaba delante del templo”. Las imágenes del Cristo y de la Virgen merecieron incesantes elogios y, según parece, muchos antiguos devotos de la Dolorosa que había ardido en 1932 advirtieron que “esta segunda copia es más conseguida que la primera”.

El itinerario de nuestra cofradía debía ser el siguiente: Sol, San Román, Socorro, San Marcos, Castellar, Feria, Doctor Letamendi, Amor de Dios, Alameda de Hércules, Trajano, plaza del Duque de la Victoria, Carrera Oficial, plaza de Nuestra Señora de los Reyes, Alemanes, Conteros, Argote de Molina, Placentines, Francos, Doña Blanca de los Ríos, plaza del Salvador, Córdoba, Lineros, Puente y Pellón, plaza de la Encarnación, Imagen, San Pedro, Almirante Apodaca, Juan de Mesa, plaza de Ponce de León, plaza de los Terceros y Sol. A pesar de lo indicado, hubo una modificación de última hora que prolongó el camino de ida por Bustos Tavera a la calle San Luis, en la que se encontraba el hospital del Carmen, de modo que los combatientes heridos pudieran presenciar la cofradía. Posteriormente se llegó a Feria por Relator y la Cruz de Guía se situó tras el palio de la Virgen del Subterráneo. Ello propició que la salida debiera adelantarse hasta las cuatro y media –inicialmente estaba fijada a las seis–, y de este modo nuestra hermandad recuperó la costumbre de abrir la Semana Santa en la calle, lo que siguió sucediendo hasta 1940, cuando comenzó a procesionar la Paz.

La Dolorosa recién finalizada su talla y aún sin las lágrimas.
Una de las primeras fotografías de la Virgen, en este caso de hebrea.

Comienza un nuevo periodo de prosperidad

La referida bendición de María Santísima de la Hiniesta supuso en cierto modo el inicio de una nueva etapa en la que la hermandad recupera e incluso supera el esplendor de antaño. Como se ha relatado, meses después se recibe la imagen del Santísimo Cristo y se reanuda la salida procesional, ininterrumpida desde entonces excepto por causas meteorológicas o de salud pública. Pocos años más tarde Castillo donaría la nueva efigie de la Virgen Gloriosa, a la que las nuevas reglas de 1946 devolverán su rango de titular de la corporación, y se logra el ansiado retorno a nuestra casa de San Julián. Desde entonces, de forma pausada pero firme, la hermandad crece en su vida, en sus cultos y en su patrimonio hasta la feliz realidad que vivimos en la actualidad.

Pero no debemos olvidar que todo esto arrancó entre lágrimas de emoción en San Luis de los Franceses en una mañana como la del día de hoy, cuando nuestros castigados hermanos vieron una maternal mirada a la que encomendar sus anhelos y esperanzas. No le faltaba razón al cronista del diario ABC cuando refería lo siguiente acerca de lo sucedido en Sevilla el 5 de septiembre: “Lo único de relieve estuvo en la bendición de la definitiva efigie de la Virgen de la Hiniesta. Y decimos definitiva porque a ésta, ¡ya verán ustedes cómo no la queman!”.

Paso de palio el Domingo de Ramos de 1939.

José María Pinilla

Septiembre 2026