Cada año, en estas fechas, iniciamos el curso cofrade en San Julián alrededor de la Virgen de la Hiniesta Gloriosa, para quien celebramos un solemne Triduo que culmina con una Función en la que el Ayuntamiento renueva un histórico voto de agradecimiento a tan divina imagen. Rastrearemos el origen de esta festividad y veremos la importancia histórica que ha tenido esta fecha especialmente destacada en nuestra hermandad.
La tradición de celebrar la Natividad de la Virgen
Aunque no hay referencias en los Evangelios canónicos sobre el nacimiento e infancia de María, la tradición piadosa fue erigiendo una historia acerca de ello a partir de otros testimonios, el más antiguo de los cuales parece ser el Protoevangelio de Santiago, escrito hacia mitad del siglo II. Sin embargo, la fijación de una fecha para la Natividad de la Virgen tendrá que esperar, al menos, hasta el siglo V, cuando constan algunas celebraciones en su honor en Jerusalén y la actual Siria. Poco después aparece formalmente en el calendario bizantino el 8 de septiembre, justo el día en que se iniciaba el año litúrgico, el cual concluía con la Dormición el 15 de agosto. Visto en perspectiva, no deja de ser representativo que el curso eclesiástico arranque y termine en función del inicio y el fin de la vida terrenal de Nuestra Madre.
Avanzado el tiempo, fue también ganando peso en la Iglesia de Occidente. Hay ya una mención expresa por parte del papa Sergio I a finales del siglo VII y, con carácter generalizado, sabemos de su difusión a partir del XII, cuando precisamente se va a usar como referencia para establecer la festividad de la Inmaculada Concepción en un día –el 8 de diciembre– nada casual, pues resulta ser exactamente nueve meses antes del natalicio. Aunque en la actualidad no se considera una jornada de precepto, la Natividad de la Virgen María continúa gozando de singular importancia y se vincula a ciertas advocaciones marianas como la nuestra.

El 8 de septiembre, el día más grande en la Hiniesta
Disponemos de numerosos testimonios que acreditan que esta fecha era la mayor solemnidad para la corporación surgida para dar culto a la Virgen de la Hiniesta. Incluso leemos en el Discurso Histórico de Vera y Rosales que la hermandad como tal había surgido para dedicar esta celebración litúrgica en honor a la sagrada imagen que había sido encontrada en Cataluña y devuelta a San Julián. Aunque la credibilidad de buena parte del contenido de esta obra es más que cuestionable, no deja de ser revelador que cite expresamente el 8 de septiembre, cuya importancia histórica van a ratificar otras fuentes más rigurosas.
El hecho de que el infante Fernando el de Antequera –que sería más adelante el rey Fernando I de Aragón– pernocte en la capilla consagrada a la Virgen en San Julián en la víspera de este día del año 1407 nos lleva a pensar que, en efecto, esta fecha ya era especial en épocas tan tempranas. Otra prueba aún más evidente se muestra en las reglas de la corporación de 1565, que determinaban que la principal festividad anual era la Natividad de la Virgen, en cuyo honor se celebraba una Octava. Del mismo modo, las constituciones de 1671 subrayan que entre las obligaciones de los hermanos figura la de “asistir a todas las fiestas que la Hermandad celebrare a Nuestra Señora, especialmente la que se le hace por septiembre”, lo que evidencia nuevamente la supremacía de esta fecha por encima de otras.
Un ejemplo del esplendor de estas celebraciones por la Natividad de la Virgen fue el “tablado grande” que se montó en 1586 junto a la capilla de la Virgen, sobre el que se representó de forma teatral el hallazgo de la divina efigie por Per de Tous. Igualmente disponemos de algunos sermones pronunciados en dichos cultos que quedaron impresos para su recuerdo, como el del padre Luis Antonio Clavijo de 1683 o el del citado Francisco de Vera en 1704. Todo ello, unido a las procesiones celebradas en ese día en distintos años, ratifica la solemnidad que esta conmemoración merecía para nuestros hermanos.



El Voto de Ayuntamiento de 1649
No obstante, la fecha que ha quedado para el recuerdo vinculada al 8 de septiembre es la del Voto ofrendado por el Ayuntamiento de Sevilla en 1649 tras el fin de la epidemia de peste que redujo a la mitad el censo de la ciudad. En aquel año se realizó una procesión de rogativas a la Catedral en la víspera de la festividad y se celebró en honor de la bendita imagen una Octava en el primer templo de la diócesis. A partir de entonces se instituyó la asistencia anual a San Julián del Cabildo de la Ciudad para solicitar la protección de la Virgen y mostrarle su agradecimiento.
Esta tradición se ha venido manteniendo –a pesar del languidecimiento de la vida de la corporación en ciertas épocas –ininterrumpida hasta la década de los años treinta del pasado siglo XX, a las puertas de la proclamación de la II República. En 1945, coincidiendo con la hechura de la actual efigie por D. Antonio Castillo Lastrucci y en las vísperas de la reapertura de San Julián tras el aciago incendio, se retomará hasta la actualidad.
Como garantes de este hermoso legado nos corresponde a la actual generación de hermanos su perpetuación y el mantenimiento del esplendor que desde siglos atrás se tributa a Santa María de la Hiniesta en el aniversario de su natalicio. Feliz cumpleaños, Madre, y sigue cuidando de nosotros tus hijos.

