Hermandad Hiniesta

Una medalla que resume una vida

La devoción que suscitan los Sagrados Titulares de las hermandades se plasma en ocasiones en el ajuar del que disfrutan, que incluye no únicamente adquisiciones sino también piezas donadas, que son muestra de anhelos, promesas o agradecimiento y que resumen el cariño que se les tiene. En el caso de la Dolorosa de la Hiniesta, en este apartado podemos hablar de tocados, sayas, pañuelos, rosarios, broches y otros elementos de similar naturaleza. De entre ellos queremos detenernos en una medalla que realza el fuerte vínculo que con nuestra hermandad tuvo el imaginero Antonio Castillo Lastrucci.

Castillo y la Hiniesta

La relación del insigne escultor sevillano con la Hiniesta se remonta a la sustitución de la primitiva Dolorosa tras el fatal incendio provocado en San Julián el 8 de abril de 1932. Para acometer la nueva talla se ofrecen varios imagineros, entre los que se escoge a un Castillo ya consagrado en nuestra ciudad tras los trabajos realizados para las cofradías de la Candelaria (ángeles para el paso de Cristo), el Dulce Nombre (Sagrados Titulares, San Juan y conjunto del misterio), la Amargura (ángeles para los candelabros de cola), el Cachorro (paso del Cristo), San Benito (Señor y conjunto del misterio) y la Macarena (conjunto del misterio).

Como es sabido, esta imagen ardería en San Marcos en 1936 y la hermandad ratifica la confianza en D. Antonio, quien ejecutará la actual Dolorosa en 1937, a la que se suman el Cristo (1938), María Magdalena (1944), la Virgen Gloriosa (1945) y –sin ser en aquel momento Titular aún– el conjunto de la Piedad (1949). Por último, aunque no sea propiedad de la corporación, conviene también mencionar la talla de la Virgen Milagrosa (1945) que se venera en la nave del Evangelio de San Julián.

Casi tres décadas después de su muerte, sus restos serán trasladados en noviembre de 1995 al templo parroquial para descansar en un mausoleo en la nave de la Epístola bajo el conjunto de la Piedad y de la cruz primitiva del Crucificado.

Pero veremos que Castillo sigue presente de otra manera especialmente hermosa.

 

Un reconocimiento institucional más que merecido

En 1967, tras muchísimos años en activo y con obras salidas de su gubia veneradas en incontables puntos de España, tal día como hoy –22 de agosto– se publica en el Boletín Oficial del Estado una orden fechada el 17 de julio. Firmada por D. Jesús Romeo Gorria, Subsecretario del Ministerio de Trabajo, concede a D. Antonio Castillo Lastrucci la Medalla ‘Al Mérito en el Trabajo’ en su categoría de plata a petición del Gobernador Civil de Sevilla, un cargo que entonces ocupaba D. José Utrera Molina.

En aquel momento, el maestro contaba con 85 años de edad. En la orden se destaca su formación en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Sevilla y se subraya especialmente que “toda su vida fue una permanente superación y una dedicación plena a su profesión” para la que “se han justificado más de setenta años de servicios laborales prestados con carácter ejemplar y una conducta digna de encomio en el cumplimento de los deberes que impone el desempeño de una profesión útil habitualmente ejercida”.

La medalla, presente en su último adiós y símbolo de eterna gratitud

No nos cabe duda de la satisfacción que debió suponer para un anciano Castillo tamaño reconocimiento a una trayectoria de absoluta entrega a la producción artística. Conocidos son los sinsabores –tanto económicos y de salud como debidos a poco afortunadas intervenciones que desvirtuaron algunas de sus obras– que el maestro pasó en sus últimos años, por lo que con certeza la distinción concedida hizo justicia.

Por desgracia, no pudo disfrutar de ello mucho tiempo, ya que la muerte le sobrevino el 29 de noviembre del citado 1967. Tanto la prensa sevillana como la de alcance nacional cubrieron la triste noticia, y en las crónicas del sepelio se destaca de manera especial que sobre su féretro lució la merecida medalla que le había sido otorgada apenas unos meses atrás. Con posterioridad, sus herederos la donaron a nuestra hermandad.

Es por ello que, cuando la Virgen la luce en su atuendo de Reina, tanto con ocasión de su solemne Besamanos como entronizada en el paso desde el que derrama bendiciones cada Domingo de Ramos, no solamente lleva una insignia. En su saya va prendida una vida dedicada al arte, un ejemplo de profesionalidad en unos tiempos adversos, la esperanza a la que se aferraron los sevillanos que vieron perecer a sus devociones más queridas y un legado que cambió la forma de ver los pasos de misterio. En definitiva, la herencia de una persona irrepetible que aguarda la Vida Eterna junto a las Imágenes que sus manos nos dejaron.

Sirvan estas líneas, que toman como pretexto la fecha de publicación del B.O.E. ya mencionado, para expresar el agradecimiento de quienes formamos la hermandad de la Hiniesta –y, si nos lo permiten, de otros tantos cofrades sevillanos y españoles– hacia D. Antonio Castillo Lastrucci. Gracias, maestro.

José María Pinilla

Medalla concedida a D. Antonio Castillo Lastrucci.
El maestro trabajando en su taller.
Extracto de la orden de concesión.
Firma del imaginero.
Lápida del mausoleo en San Julián.
La Dolorosa en el paso luciendo la medalla prendida en la saya.