Hermandad Hiniesta

OCTUBRE Y EL ROSARIO EN FAMILIA

Es necesario resaltar esta práctica de culto mariano por la relación con el mes de octubre, y más concretamente, con la festividad litúrgica de Ntra. Sra. Del Rosario.

Es la más clara expresión de fe y de la vivencia del misterio de la maternidad espiritual de la Sanísima Virgen María.

Esta devoción mariana, practicada en familia y/o en comunidad, lleva unidas muchas gracias y el ejercicio de muchas virtudes. Supone un gesto, una actitud, una decisión. Es unión familiar, fe en común, sencillez de Evangelio, meditación de los principales misterios cristianos.

Un pontífice mariano

La vida cristiana se refleja en los grandes santos que en el Rosario encontraron consuelo y fervor de elevación y virtud. Es por ello que acudiremos a las palabras de San Juan XXIII, el Papa Bueno, que desde siempre mostró en sus exhortaciones apostólicas proyección y recuerdo para el rezo del Santo Rosario.

De sus palabras en la audiencia general sobre el Ave maría v el Rosario, pronunciadas el 30 de septiembre de 1959, destacamos:
“El Avemaría es una voz angélica que ha consumido las energías pastorales de tantos Papas, y, citando algunos de ellos, el augusto Pontífice recordaba la exhortación que el día precedente había dirigido al mundo con su encíclica ‘Grata Recordatio’ hablando de la belleza del Rosario, poesía de nuestra casa, que debe ser recitado con el alma abierta, y teniendo ante los oios de la mente los misterios. Y considerando varios misterios, Su Santidad sugería para la recitación de cada uno de ellos particulares intenciones: el primer misterio, gozoso, por las almas queridas y por los difuntos; el cuarto, por todos los niños que participan de la luz del mundo, Jesús, del cual se recuerda la presentación en el templo; el quinto, que recuerda al Señor jovencito disputando con los doctores, por cuantos se dedican al apostolado y poseen elocuencia o facilidad de palabra. En relación con los misterios dolorosos, el Padre Santo recordaba como su meditación nos ayuda a soportar los dolores y contrariedades de la vida, a orar bien, a considerar como nuestros sufrimientos y nuestra cruz son muy ligeros comparados con los que soportó Jesús por amor nuestro, y a no olvidar la necesidad de la pureza, de la inocencia, le la humildad, del amor del prójimo. Nos enseña también cómo los dolores de la vida se pueden armonizar con la serenidad y con la alegría”. (1) L’Oss. Rom., 2-X-1959

De su carta apostólica sobre el Rosario, plegaria para obtener la paz, de 1961, caben resaltar las siguientes palabras:

“En el pasado mayo, inspirándonos en el texto del Papa León XIII, de gloriosa memoria, recordamos la enseñanza de la ‘Rerum Novarum’, desarrollándola con nuestra Encíclica ‘Mater et Magistra’, con la intención de acomodar, siempre más y más, la doctrina católica a las nuevas exigencias de la convivencia humana y cristiana.

Recordamos que aquel gran Pontífice, que fue ya luz y guía de nuestro espíritu en nuestra formación, al llegar el mes de octubre, volvía cada vez a invitar al mundo cristiano al rezo del Santo Rosario, propuesto a todos los hijos de la Iglesia como ejercicio de santa y beneficiosa meditación, como alimento espiritual de elevación y como intercesión de gracias celestes para toda la Iglesia.
Sus sucesores hicieron honor a la piadosa y conmovedora tradición. Y Nos entendemos humildemente que seguimos a estos grandes pastores veneradísimos del rebaño de Cristo, no sólo en la solicitud siempre más intensa por los intereses de la justicia de la fraternidad, en la vida de aquí abajo, sino también en la fervorosa búsqueda de la santificación de las almas, que es nuestra verdadera fuerza y la seguridad de todo buen éxito, como respuesta de lo alto a las voces de la tierra, que se levantan de almas sinceras sedientas de verdad y caridad» (2) A AS, 53 (1961), págs. 641-647.

Da per Matrem me venire…

Pongamos nuestra mirada durante este mes de octubre en la Santísima Virgen María, mediadora de todas las gracias, tal como lo hizo el Pontífice San Juan XXIII, quien invitó al mundo cristiano a rezar el Santo Rosario como un ejercicio de meditación, confiándonos a la intercesión de Santa María, Madre de Dios.

Que el rezo del Santo Rosario nos ayude a contemplar, de la mano de María, los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, fortaleciendo nuestra fe y acercándonos cada día más a su Hijo.

Fuente: Juan XXIII, una vida mariana de Juan María Castrillo, C.M.F.

El Santo Padre Juan XXIII.